OFRENDAS Y TRADICIONES
Para los antiguos mexicanos la muerte no era final, era el inicio del viaje al Mictlán, el inframundo. El destino del alma dependía de cómo moría y cómo había vivido.
Por eso el altar es la casa que se prepara para recibir al que vuelve: comida, foto, luz y flor de cempasúchil para que encuentre el camino.
Esta celebración se hacía en el noveno mes del calendario solar, que empezaba en agosto. Hoy la vivimos en noviembre, ya moldeada por el sicretismo entre lo prehispánico y lo europeo, pero con una esencia que continúa: reunir a la familia con los que ya partieron.
En Jalisco lo vivimos caminando. Recorridos guiados diferenciados, actividades festivales donde descubres las maravillas de honrar a nuestros ancestros.
Estas experiencias nos llevan a vivir a una tradición viva, con respeto y para honrar a quienes ya partieron.
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